En los últimos años, el sector inmobiliario ha visto reducida drásticamente la demanda de vivienda de nueva construcción, reconvirtiendo la actividad a otro tipo de mercado en el que clientes y relaciones contractuales están siendo muy diferentes.

Las entidades financieras se han visto obligadas a participar en la actividad promotora, al tener que gestionar los activos que provienen de las inmobiliarias.

Sociedades cooperativas y comunidades de propietarios mantienen una importante demanda, precisando una adecuada gestión que facilite la obtención de la financiación necesaria para el proceso.

Inversores nacionales y extranjeros llevan a cabo actuaciones de renovación de edificios y activos inmobiliarios, contribuyendo a su puesta en valor.

Se persigue, ahora más que nunca, optimizar todo el complejo y prolongado proceso de la promoción.